Dualidad y Alquimia
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De amor y sombra, recordando Chile


“De amor y sombra” fue la primera obra literaria y fílmica que más marcó mi imagen de Chile y su forma de comunicar lo cotidiano.

Tras varios intentos por solicitar empleo en la sección Internacional de El Mercurio; en 2015, viajé al país para conocerlo. El aire en las casas de Neruda se respiraba distinto.

Con estampas reminiscentes a Dalí, caminé por los peldaños, las habitaciones, los patios donde tanta sutileza, dolor y vida evocaron una vez poesía. Me quedé pensando en los amores de los seres humanos, las emociones que nos provocan ciertos lugares, personas, animales, cosas. Y…las sombras que los eclipsan.

Las presiones familiares, los comportamientos, las expectativas, las reglas y el conservadurismo del Estado, la religión, que condicionan los sentimientos, las sensaciones de arraigo y lo que es correcto y lo que no.

Fue en las tierras áridas de la nación, en sus desiertos y silencios que me fue posible encontrar respuestas a lo más esencial.

¿Qué es “amor”? ¿Qué es “sombra”? ¿Qué de afuera permitimos que afecte lo que hay dentro?

IMG_8490.jpgVisitar la exhibición de la dictadura en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos fue surreal. Leer las cartas, ver los vídeos, las ropas, escuchar los testimonios de las víctimas y victimarios fue una experiencia difícil. No por el tema, sino por nuestra calidad de espectadores, turistas del “dolor ajeno”. Porque es que las heridas de lo ocurrido, siguen estando a flor de piel.

Enmascaradas bajo esa premisa de “recordar para que no vuelva a ocurrir”. Pero… sigue ocurriendo, en menor medida en Chile, en gran magnitud en otras partes del mundo.

Pareciera ser que somos selectivos en memorias o nuestras formas de recordar son tan distintas como los matices de nuestra subjetividad. Que se puede llorar por lo ocurrido pero sólo por un tiempo porque la sociedad tiene que seguir, porque si quieres recordar lo que ocurrió ve a un museo, lee un libro. La catarsis personal es responsabilidad de cada cual, el Estado solo cumple con “no repetir”.

En esos días reflexioné mucho sobre esa dicotomía de amor y sombra, que los seres humanos no queremos asumir. Escogemos una o la otra. Si el pasado es sombra, lo rechazamos porque es más privilegiado socialmente ser “amor”. Porque si eres amor, “atraes amor”. Pocos se preguntan si ese amor es puro o si es enfermizo, un cúmulo de traumas de infancia, imaginarios mediáticos, violencias esperadas o pasadas.

Nos cuesta procesar el dolor que vivimos. El sistema estigmatiza el dolor y recrimina después, que ese dolor desemboque en violencia. Si sufres es “porque quieres”, si sufres, “tomate una píldora, ve al doctor”. “Somatiza”. “Sonríe a la cámara”.

Nos cuesta ver que así como permitimos que ciertos gobiernos, comunidades, familias, entornos nos descendieran a los rincones más oscuros, poco cuestionamos dónde están las rutas hacia la luz.

¿Qué rutas sociales hay de ascenso hacia el amor? ¿Qué tan visibles y hegemónicas son?

Quizás sea bueno buscarlas, identificarlas, explorarlas. Porque ya sabemos lo que ocurre en el status quo…

En ese sentido, ojalá algún día no nos asuste aceptar que somos amor y sombra a la vez. Que una no eclipse la otra, sino que se complementan.

Que ojalá podamos encontrar un balance sano a nuestras polaridades a falta de una comunidad, familia, escuela, Estado que así lo permita.

Que ojalá rompamos con el miedo a iniciar esa tarea.

Porque hacer esa búsqueda interna-externa no nos hace mejores o peores personas, nos hace: personas. Y eso, eso está bien.

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