Análisis, Ser mujer en Latinoamérica
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La carga de Ser una Mujer Puertorriqueña


Quien anula los sentimientos de las personas, invalida su humanidad.

Hoy me he querido expresar sin límites de tiempo y sin guiones porque para mí era necesario mostrar que la carga de ser una mujer puertorriqueña es doble por 1) la identidad nacional y 2) ser mujer, y todo lo que eso socialmente conlleva.

Si no ves el vídeo completo por razones de tiempo, parte del tercer mapa documental que produzco “Ser mujer en Latinoamérica”, te lo resumo aquí:

  1. El pueblo puertorriqueño ha sido privado de tener una catarsis colectiva, y mucho más, la individual. Tenemos una herida sistémica tan profunda que ha dañado nuestra psiquis colectiva. Eso ha desembocado en altos índices de violencia de género, violencia estructural, directa, social, mediática… ¿alguna más? Rellene aquí, seguro encontramos evidencia. Además, hablar de problemas implica hablar de soluciones que si son de afuera, del país padre (primer mundista, excolonizador, etc) o ese Otro (inversionista, independiente, culto), son mejor.
  2. Nuestros colonizadores, España y Estados Unidos (y sus habitantes aún hoy), nos han despojado de toda valía y sancionado nuestra forma de pensar desde escuela primaria. Si salimos, nos ven como menos, nos recuerdan que somos “ciudadanos de cuarta categoría” y después de invalidar nuestra existencia y privarnos de ejercer nuestra subjetividad política, reproducen el estereotipo que la sociedad puertorriqueña es solo “baile, baraja y botella” porque pues, si no podemos protestar en la calle o expresarnos libremente siempre está la playa, la cerveza y el reggaeton.
  3. Los latinoamericanos nos discriminan igual sólo reparando en que nuestra vida “está hecha porque tenemos la ciudadanía americana”, nos reducen a un papel, un permiso del “gran colonizador” sin tan siquiera preguntarnos qué tal vivimos. Si contamos que somos mujeres, pues se suman otros factores de “ella es fácil porque ‘seguro’ perrea”, “con ella me caso por los papeles”, “es muy bonita y muy ruidosa, no la escuches, es muy emocional”.
  4. Nuestras voces no cuentan. Nuestras experiencias, por más que la prensa estadounidense ha intentado reportarlas (en una agenda contra la gestión de Trump), por alguna razón no cuentan. Por más que intentemos progresar, salir adelante -en mi caso, tuve hasta tres trabajos para pagar mis cuentas y fundé dos organizaciones sin fines de lucro y recibí tantas trabas en la industria-, si nos cansamos nos juzgan, si “luchamos” nos critican y hacen la vida de cuadritos. No hay forma de ganar. Es un ciclo vicioso de negativismo que no acepta como opción la subjetividad política de las personas, si desean quedarse bien, si desean irse bien. Y si no quieren regresar, también: bien.

Me ha pasado una y otra y otra vez que:

En el momento en que mostramos una emoción, nuestro pensamiento queda anulado para nuestros amigos del Norte. (EE.UU., Europa y beyond). 

Multiplique esa anulación si eres mujer porque te suman las hormonas, el drama, la histeria y la victimización a la fórmula si por alguna vez decides expresarte o decir cómo te sientes. O peor aún, si decides explorar tu feminidad. (Asunto para otro artículo más adelante).

¿Realmente queremos saber cómo los demás están? No.

¿Realmente queremos escucharlos? No.

No, no, no, me han repetido tantas veces amigos latinos, estadounidenses y boricuas también.

Bajo la excusa de “conflict resolution”, Natalia “vamos a resolver el problema” te buscan acallar si sienten que te “alteras”. No escuchan primero, buscan solucionar primero. Escuchar es para después.

 

 

Hoy les digo que estoy cansada de luchar contra la mentalidad del colonizado, que este proceso de sanar mis heridas personales no es fácil porque debo mirarlas siempre en un contexto y veo a Puerto Rico… veo la mimesis entre la isla y yo. Me ha costado reconocer que siempre que me preguntan sobre la situación en la isla me afecta.

Reconozco que mi molestia viene en gran parte (porque hay otra parte personal), porque a todos los que salimos de la isla -por falta de oportunidades y la violencia social-, nos tratan de traidores a la patria. De intentar superarnos fuera y olvidan que el que se muda, la mayoría de las veces, es porque no tiene remedio. Quiere evolucionar y le hacen la vida de cuadritos. No hay empleo, damos vueltas en el mismo lugar, nos recuerdan todo el tiempo lo poco valioso que somos, la escasez de dinero y de futuro. Nos culpan los isleños de irnos pensando que la vida afuera es más fácil, más fiesta y más llena de dinero. Y si lo fuera, ¿qué? Estudios hay de las secuelas de la mentalidad del colonizado y su relación con la estrechez, la sumisión, el relevo de poder. (De eso he escrito varios artículos académicos casos de Chechenia, Bosnia y en mi blog, sumado a mi segundo documental Ecos del Exilio donde trabajo este tema con caso de estudio en el exilio cubano). 

Nos culpaban dentro y fuera de querer tener una vida mejor. Mientras nos culpaban que nos fuimos, en el país destino nos culpaban de no ser de ahí. Tengo amigos de la diáspora con buenas intenciones, abogando por mover la independencia de la isla en Washington, D.C. pero que no tienen planes de regresar si EE.UU. “nos suelta”. Entonces, ¿no es lo mismo? ¿Pedir un cambio desde EE.UU., hablar por el pueblo de Puerto Rico desde afuera y no quedarse o regresar para reconstruirlo en caso de que nos liberen? ¿De qué hablamos?

En este proceso de sanación, descubrí que este trago es más amargo y más complejo si sumo mi experiencia como mujer, que cuando viajé por primera vez me sentí tan identificada como Moana y cuando finalmente me mudé, tan despojada de libertad y satanizada como Juana de Arco.

Me dolió y me liberó expresarme en esta ocasión y reconocer lo que para mí es MI VERDAD -y que, no porque yo así la sienta e intente sanarla a través de múltiples procesos de linaje, chamanismo y más-, es menos válida o más representativa de lo que otras mujeres puertorriqueñas vivan.

Cada una tendrá su experiencia, su historia, su forma de expresar las cosas.

Sólo sé que este es mi tiempo y espacio para romper las cadenas de la neutralidad y visibilizar lo duro que es “ser” y que no “te acepten”, que te “juzguen, castiguen”, “jueguen contigo”,  “te traten como menos”, “te condicionen tu educación, tus oportunidades laborales, tu cuerpo, tu estilo de vida”… “te quieran sumisa porque calladita te ves más bonita”.

Considero importante visibilizar que si continuamos calladas no nos servimos a nosotras mismas ni a la sociedad, ni le hacemos justicia a las generaciones pasadas ni le abrimos caminos más prósperos a las futuras.

Entendí en esta investigación propia y en conjunto con el mapa documental Ser mujer en Latinoamérica, que la forma en que EE.UU. y el Gobierno local que hemos tenido nos tratan a las mujeres, al pueblo, es un ejemplo macro de violencia de género.

Dejaré ese pensamiento incendiario marinar un tiempo en lo que sigo trabajando en el mapa que produzco desde 2017 y del que les contaré más adelante…

Mientras, aquí me expreso una vez más sobre esta servible y a la vez tan inútil “identidad nacional” de la que he escrito tantas veces en este blog.  Es fluctuante, pesada y una carga, es un grillete al que le atamos la moral, el valor de nuestra vida.  Es pesada porque nos OBLIGAN a AMAR un pedazo de tierra, una cultura porque nacimos en ella, porque le ponemos una carga simbólica de “madre”, de “te dio todo, ¿por qué huyes y eres tan malagradecida?”, tan de “tienes que atenderla”, “muere por ella”.

¿En qué momento evolucionamos tanto que perdimos como norte que el ser humano era nómada y no tenía tierra? ¿De dónde viene el deseo de controlar un territorio y hacernos dueños y obligar a otros a respetar las tierras? ¿En qué momento nos creímos más que otros porque ellos sí tenían una economía mejor que la nuestra? ¿En qué momento cedimos poder a unos cuantos para dirigirnos? ¿En qué momento invalidaron nuestras luchas por permanecer y ser parte? ¿Dónde quedó el respeto por las incontables veces que intentamos darle a nuestra tierra, ofrecer nuestros talentos y nos golpearon, marcaron, oprimieron?

A este punto no sé si la retórica de esclavos, no sé si la retórica de víctima aplica. No sé hasta qué punto un ser humano tiene la culpa cuando nos educaron a medias, nos ocultaron información para ser parte del estatus quo. No sé hasta qué punto podemos responsabilizar un ser humano cuando se le reprocha por hablar, se le reduce a objeto de estudio por su pintoresca y aparente alegría, o más peligroso aún, se le niega pensar. (Aquí me viene de referencia esa obra tan magnífica y de la que he leído varias veces, La banalidad del mal). 

En mi ejercicio de sanación personal como puertorriqueña, mujer y sujeta política, les comparto unas líneas de lo que he escrito en este proceso sin reparos ni remordimientos.

“Para mí, Puerto Rico es una mujer violentada. Puerto Rico soy yo. La mimesis ocurrió el momento que descubrí que cuando intentamos pelear por nuestros derechos, nuestra independencia, que cuando intentamos expresarnos y decir que algo no está bien, que nos están lastimando: nos callan, nos reprimen, nos golpean. Que esta relación colonial, esta violencia estructural por siglos y de tantas partes, esta relación de poder entre el masculino que oprime y el femenino que debe ceder, no hace más que invalidar nuestra existencia. 

Para los ojos de ese Otro, los puertorriqueños hemos sido reducidos a cifras, estadísticas, problemas…deudas, de esas que nadie quiere mirar y menos, atender.

Sé que puede ser fuerte leer todo esto, que esta puede ser una píldora muy fuerte de tragar para muchos y muchas. Sé que mi vídeo puede ser muy largo para verlo completo, muy out there para incomodar pero si aún me lees, quiero que sepas que esta catarsis es para mí necesaria.

Que ojalá tú tengas la tuya, seas puertorriqueña, puertorriqueño o no, te identifiques con alguna identidad nacional, de género, etc.

Que si sientes la necesidad del cambio y tomar acción, ojalá que no coartes tu voz. Que te abras y te responsabilices por tu catarsis individual, que busques ayuda si es necesario porque este tema es más complejo que un dolor en el pecho y dos o tres ofensas al presidente, el gobierno o la radio.

Que todos escogemos nuestras batallas, decidimos cuáles ignorar y cuáles no.

Ojalá encuentres los espacios de sanación y despertar que estás buscando. Mi deseo para ti es que no frenes tus procesos porque el camino es muy difícil, porque hay días que duele sentir. Que entiendas que al emprender tu proceso de sanación no sólo sanas tú sino ayudas a sanar a los que están a tu alrededor. Que esa sensación te dé fuerzas, que evites reducir tu autoestima a las miradas e interpretaciones de los Otros, de quien aparentemente tiene más. No les des ese poder. No temas el resultado de tu evolución.

Acepta tu humanidad. Concíliate con ella.

Reconócela. Ámala. Vívela.

Y cuídala… con todo tu ser.

2 Comments

  1. Me has dejado sin palabras. Gracias por tan buena representación de nuestro pesar por la opresión recibida por simplemente nacer mujer y nacer boricua.
    El amor patrio es el amor más lindo que uno puede tener, así que ojalá puedas cultivar cosas para este país que tanto lo necesita, desde donde sea que te encuentres. Felicitaciones.

  2. Yo por eso creo México, y todo el caribe, en primer lugar, nos deberíamos de unir. Una patria, un pueblo.
    Saludos a Puerto Rico, y suerte.

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