Análisis, Conciencia
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La inclusión de los hombres, la conversación que pocas queremos tener


 

 

A continuación te comparto un resumen del vídeo y una reflexión a raíz de él. Estas preguntas son parte de mi proceso personal de sanar femenino-masculino y mi investigación para el mapa documental Ser mujer en Latinoamérica. 

¿A qué se debe la resistencia a incluir a los hombres en espacios de abrazar y sanar el femenino? No se debe al sexo, ni a la búsqueda de balance energético. La respuesta está en las relaciones de poder.

Es necesario que identifiquemos de dónde viene el miedo para incluir a los hombres en conversaciones y ejercicios de sanación del tejido social. Sólo al reconocer las causas de nuestros temores, las mujeres podremos romper los bloqueos que nos impiden relacionarnos mejor con la dualidad interna y ese Otro.

En esta platica te invito a cuestionarte nuevamente qué es el “empoderamiento”. Considero que, como la misma “paz” en Colombia, la palabra empoderamiento se ha reducido a prácticas violentas y contranatura por empresas, iniciativas y organizaciones que se benefician de la moda de la nueva ola feminista.

Sin embargo, ¿sabemos qué es el empoderamiento? Mejor dicho, ¿sabemos vivir como mujeres empoderadas? ¿Incluimos o rechazamos el femenino dentro de esa nueva construcción?

Damos por sentado que los hombres están “empoderados”. No obstante, yo planteo que esa generalización hiere y no aporta al cambio.

En el post La liberación de los hombres cuestioné si había que dialogar de empoderamiento y liberación de ellos también, porque al igual que nosotras, están condicionados por la sociedad.

Me explico, he descubierto que incluir a los hombres interesados en abrazar el femenino a los círculos de mujeres sería reproducir un ciclo de violencia y sumisión en un espacio seguro y sagrado. ¿Por qué? Porque, independientemente del contexto social y problemas familiares, los hombres abrazan el femenino desde una posición de poder.

Las mujeres que inician este proceso de conciliarse con la feminidad, reducida socialmente a la maternidad y complemento de un Otro (esposa, madre, hija, novia, objeto, etc), entramos buscando qué es el femenino, quiénes somos, y cuál es o debería ser nuestro rol en la sociedad.

Es como si la mujer abriera los ojos a un mundo que le fue privada conocer y que, al adentrarse en él, es satanizada.

Mientras que, a mi entender, el Hombre debe emprender otro tipo de proceso donde no sólo se le permita abrazar su feminidad pero también cuestionar su rol dentro de la sociedad sin juicios ni tensiones sexuales. (En el post Carpas blancas para hombres que despiertan hablo más de una iniciativa específica para atender esta dinámica).

En el vídeo de hoy te explico varias situaciones que me llevaron a cuestionar si es correcto homogeneizar las experiencias de “abrazar el femenino”, el “empoderamiento”, la “autoestima”, la “liberación” y un “todo”. En aras de… no crear más separación…por aquello de… todos somos uno, parte de un todo.

Hoy les confieso, no estoy segura de ese planteamiento de consciencia. A nivel espiritual, sí puedo entender que seamos un UNO y que lo que afecta a otro me afecta a mí, etc.

A nivel corporal y de experiencias biológicas dentro de contextos sociales o comunitarios, no. Y claramente, está sujeta a interpretación de cada cual (según su cultura, religión, ideología) cuán bien o mal sea ese reconocimiento o indiferencia a que seamos diferentes en este ámbito.

Leí hace poco que el femenino se trataba de tender puentes y no levantar muros, que para eso estaba el masculino, y pregunto, nuevamente, si eso no es una división. Y si esa división, ¿existe por alguna razón?

El miedo es la separación del amor, repite Williamson, Bernstein, Osho y decenas de otros autores.

Pero hoy me pregunto y te pregunto si esos, también, ¿son extremos?

¿Cómo construir y mantener relaciones sociales saludables si elegimos un extremo (amor,miedo, etc) sobre el otro?

¿Qué tal si la tarea más difícil por emprender (y más sensata) sea aceptar los extremos y buscar el balance?

Porque el yin-yang es eso.

Porque quizás descubramos que los hombres abrazan el femenino de una manera diferente a las mujeres.

Porque quizás pensamos que los hombres tienen un ego masculino saludable cuando puede no sea así. Que experimentan el rechazo de la masculinidad violenta que les inculcamos y que tanto nosotras les reprochamos pero no tienen espacios seguros o no saben ni cómo empezar el cambio.

Porque tal vez descubramos que como mujeres queremos incluirlos en la conversación con el fin de sanar el tejido social sin tan siquiera habernos otorgado el permiso antes a nosotras de reconocer nuestras heridas generacionales y de esta vida.

Todo porque privilegiamos una sociedad saludable por encima de cuestionarnos si nosotras, a nivel interno, hemos llegado a vibrar y gozar de esa salud.

¿Cómo saber? Rompamos el miedo de iniciar la conversación. Vigilemos de dónde viene el deseo de querer que el cambio del sistema y la violencia de género ocurra hoy porque somos impacientes, estamos cansadas y lo queremos todo ahorita.

¿Acaso estamos listas para vivir en una sociedad 50-50 cuando les reprochamos a los hombres que no son machos, caballerosos o muy “afeminados”, violentos, débiles?

¿Qué rol y responsabilidad asumimos en construir sociedades igualitarias si sólo queremos que se nos haga justicia si ni siquiera sacamos tiempo para cuidarnos y escucharnos nosotras mismas? Sin querer descubrir nuestro pasado, sanar nuestros traumas,  asumir el proceso de liberarnos de ataduras mentales y emocionales ni entender que toda transformación toma su TIEMPO.

¿Cómo pedirle a los hombres que se abran y hagan lo mismo?

Te comento que ya está por cerrar la encuesta Deconstrucción de masculinidades violentas, parte del mapa documental Ser mujer en Latinoamérica, para saber qué contenido necesitas conocer y cómo emprender este camino de paz de género. Mujer u hombre que me lees, te invito a contestarla. Lo puedes hacer de manera anónima y no toma más de 2 minutos. Accede aquí. 

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  1. Pingback: Dualidad y Alquimia | Un blog de Natalia Bonilla

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