Apuntes de viajes, Conciencia
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La herida abierta de Puerto Rico


Una vez lo dije y lo vuelvo a repetir con más convicción que nunca: Al pueblo puertorriqueño no lo va a salvar nadie sino él mismo.

No saben cuántas ideas de trabajo han llegado a mis manos, cuántas personas vienen con líneas tan grandiosas de cambiar al país queriendo IMPONER modelos de éxito o probando nuevas ideas como si fuésemos un laboratorio para alimentar egos disfrazados de altruismo, sanación, ayuda humanitaria.

No saben cuántas personas me he topado con más “ganas” de hacer algo que de “ESCUCHAR” y buscar trabajar en conjunto con la población.

Puerto Rico no es hoy (ni hace diez años atrás) la tierra que merecíamos. No es el espacio terrenal adecuado para el desarrollo de su juventud. No es el lugar más abundante en oportunidades de empleos, abundancia, propósito de vida, y de más. No lo es.

Y en parte se debe a las personas que hemos elegido en el poder. Y en parte se debe a que no teníamos ni tenemos las mejores condiciones educativas y de desarrollo humano para nuestra evolución. Y en parte es nuestra culpa por cómo hayamos ejercido o no nuestra voz y poder ciudadano. Y en parte se debe a nuestra relación dependiente con EE.UU.

Pero más importante…a que no hemos hecho catarsis colectiva. Nos han reprimido y oprimido innumerables veces desde que nos “descubrieron” hace más de 500 años atrás hasta hoy y quién sabe, cuánto tiempo después.

El Huracán María fue la expresión natural de toda la energía contenida. Fue nuestro calvario y, a la vez, nuestra bendición.

El problema con las ayudas de afuera y algunos (no todos) grandiosos proyectos millonarios es que se enfocan en el dar para cumplir y no confían en el capital humano de origen puertorriqueño para llevar a cabo una idea. “No, nosotros vamos a enseñarles”, creando una nueva relación de co-dependencia donde siempre de afuera viene la ayuda, de afuera viene la solución, de afuera nos salvan porque “no nos consideran” -ejem, “no nos consideramos” capaces de salvarnos solos-, porque “pues…el Gobierno”, “pues… Trump”, “pues…otra temporada de huracanes”.

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Yo no viví el huracán (viví los dos terremotos en Ciudad de México esas semanas) pero estoy muy conectada con mi Tierra y he visto estos desenlaces con el mismo dolor (sino más) que muchos de mis otros compatriotas en la isla. Hoy busco respuestas con mi propio proceso de sanación pero estoy convencida que los parches alivian los síntomas de una enfermedad, no la acaban.

Y me dirán… “ah pero Natalia, al menos ayuda es ayuda”. Sí, cuando la intención es clara para ambas partes. Eso no está ocurriendo en la mayoría de los casos.

Lo que sí quiero dejar en claro como periodista, académica y estudiosa de la mentalidad del colonizado es que fuimos criados en condiciones históricas, económicas y educativas en que nos hicieron creer inferiores, inútiles, trabajadores (esclavos) para pagar siempre a alguien más una deuda que TODAVÍA HASTA EL SOL DE HOY NO SABEMOS A CIENCIA CIERTA CÓMO LLEGAMOS AHÍ.

  • Nos hicieron creer en que el mundo era escasez-sufrimiento, en que debíamos competir porque todo era limitado, sólo el que tenía conexiones con X o Y “podía progresar”.
  • Nos hicieron creer que por ser isla, no teníamos más que aportar a este mundo que sol, arena y mar.
  • Nos hicieron creer que arar la tierra era una práctica del tercer mundo, que si nos independizábamos nos convertiríamos en la próxima Haití.
  • Nos trataron como ciudadanos de segunda categoría, como jíbaros de campo que había que arrestar cada vez que protestábamos por los aumentos de impuestos y los atropellos a nuestros derechos civiles. Nuestros compatriotas en el Gobierno nos vendieron sueños, a veces a sabiendas y otras no tanto, de cómo se debía gobernar un país.

Nos desgastaron física, emocional y energéticamente hasta el tuétano y aún hoy no entendemos cómo pasó.

Aún no entendemos que no nos enseñaron, mejor dicho NOS PRIVARON de, vivir en plenitud nuestra humanidad. Por eso es tan difícil confiar en nuestro levantamiento,  en nuestra capacidad de gestión.

Aún hoy se me acercan estas propuestas extraordinarias y personas muy top sin interés de escuchar. Porque… “Natalia, es que eres muy emocional”, “Natalia, es que…¿por qué traes el pasado de Puerto Rico?”, “Natalia… ¿por qué te molestas si esta es una solución?”

Me molesto porque hay cosas que no se pueden solucionar con el raciocinio. No se puede atender una herida sistémica con la cabeza ni tampoco con el corazón. La cura está en el balance. Un cambio verdadero viene de reconocer las emociones que existen, que nuestros sentimientos tienen valor. Nuestras voces, las experiencias que vivimos, el sufrimiento que hemos permitido y las soluciones que hemos creado para contrarrestar la opresión por más pequeñas que sean, VALEN.

Y es, a raíz de que valen, que nos respetamos y exigimos respeto. Una vez ocurra este proceso, estará la apertura para ACTUAR en base a las ideas, nuevos modelos, nuevas opciones para TRANSFORMAR la realidad que vivimos.

Vuelvo y repito: Dentro de nosotros está la llave de nuestra salvación. Si la catarsis no ocurre dentro, ocurrirá afuera pero la energía necesita moverse, no se pierde. Hagamos buen uso de ella.

Te quiero hermana puertorriqueña, hermano puertorriqueño.

Te siento, te vivo, te ayudo y te celebro, hoy, mañana y hasta el final de mis días.

 

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Soy periodista y productora independiente de documentales sobre paz y género. En mi blog Cosmopolita publico entrevistas, apuntes de viajes, actualizaciones de proyectos y análisis sobre lo que ocurre en el mundo.

1 comentario

  1. La salvación no vendrá de fuera. Es un buen mensaje.
    Pero no seas tan dura con Puerto Rico. Son un paín invadido por el imperio.
    Suerte.

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