Cómo construir una vida


Llevo una semana queriendo regresar a México, dos días pensando en volver a Puerto Rico en un juego mental de admitir lo que pareciera ser una derrota. Pareciera digo, porque no creo que lo sea. Todo gran cambio implica un período de resistencia, un poquito de drama, otro de aceptación. 

Hoy repasé todas las experiencias increíbles de los pasados tres años viajando y viviendo en otros países, en búsqueda de la plenitud, una otra mitad, un sentido a mi existencia. Las repasé a conciencia reconociendo lo mucho que crecí, cuánto aprendí a conectarme conmigo y con la naturaleza así como proteger mi energía, entender mi cuerpo y dejar ir.

Sólo en estos días que he regresado a EE.UU. he descubierto cuánto perdí en el camino la sensación de “hogar”. Cuánto sé en teoría y no sé mucho en práctica construir una vida.

Me dicen mis amistades que es normal, tras mudarme tantas veces asentarme en la tierra es un fenómeno que aún no comprendo. En lucha está mi preferencia por el minimalismo con la responsabilidad de conseguir casa, tener que amueblarla, crear memorias en ella. 

La Natalia de antes diría que es el miedo al compromiso, a que me corten las alas, que el Estado me diga qué debo hacer.

La Natalia de hoy dice que una base sólida es esencial para alzar el vuelo pero… ¿cómo se hace eso? ¿Cómo cuando todo lo que aprendiste en tu casa, escuela y universidad ya no resuena contigo? ¿Cómo elegir terrenos para sembrar caminos en áreas de trabajo que nunca habías contemplado?

Me queda claro que no somos seres unidimensionales. Que no nos casamos con una carrera hasta el fin de los días. Fui periodista, productora, internacionalista, bloguera. Ahora…¿qué?

A diferencia de meses atrás, tengo clara la visión de mi vida, la empresa que quiero lanzar, los eventos que quiero producir. El proyecto Ser mujer en Latinoamérica y una iniciativa de paz de género siguen en ciernes. 

Intento comprender este nuevo camino del Ser en un ambiente competitivo, bajarlo a la cotidianidad. Intento hacer el balance entre lo que quiere mi mente y mi corazón. 

Para evitar caer en el drama, tuve que soltar la carga de las etiquetas. Tuve que aceptar mi historia. Qué difícil fue. Tuve que aceptar que mi cuerpo no disfruta más viajar ni aguanta ya la inconsistencia entre la teoría y la práctica. Por más estúpido que suene, me ha tocado establecer rutinas, identificar qué estilo de vida quiero vivir. “¿Para qué?” Me preguntarán. Sencillamente para no tener memorias aleatorias, vivencias disparatadas sin un sentido común, que las horas hilen, que los días cuenten, que importen. 

Madurar implica hacerse responsable. No pensar que vives a través de las fotos de Instagram; no buscar experiencias para siempre satisfacer el ego; los caprichos de la mente; los placeres de la carne; no huirle a la tierra, a encontrar residencia, por creer que te va a atar.

Todo es temporero. Todo pasa, viene y va. Aferrarse a la tierra, un lugar, una versión de ti o una versión de pareja, amigos y demás es la verdadera trampa. 

Hoy me recordaron que yo misma me puedo abrazar. Decir que todo está bien, que el mundo no acaba, que los cambios son buenos si así lo decido, que tengo que entrenar mi mente a no predisponerse a lo negativo. 

Hay tantas cosas que no he querido compartir por no caer en el matrix de las redes sociales ni en las tendencias para conseguir más followers. Hay tantas historias e imperfectos que he preferido guardar a sabiendas de los juicios, los stalkers, los imaginarios que uno no puede controlar. Hay tanto que reprimí hacia afuera que en ese esfuerzo, no me permití a ejercer un estilo de vida libremente. Hoy reconozco esos escenarios y elijo hacer cambios.

A l@s que han seguido mi blog a través de los años, gracias. Gracias de todo corazón por apoyar esta bitácora con sus altibajos y cambios de contenido que consciente y quizás,  inconscientemente han sido reflejos del proceso muy duro de transformación que he pasado.

Recientemente leía un artículo acerca de los blogs y una frase me tocó a fondo. Las marcas, empresas, blogs, son extensiones de nuestra personalidad, se impregnan de nuestra esencia (la intensa o serena que tengamos). 

Eso me hizo reflexionar mucho la historia de Consciente, Cosmopolita y próximamente, el nombre oficial de lo que será mi empresa.

Quiero producir experiencias y comunicar historias de sanación y arte por la paz. A eso me quiero dedicar lo que me quede en este plano.

Hay demasiada negatividad en los medios, demasiada porquería en este sistema, demasiado odio en las personas, demasiada destrucción a la naturaleza. Ya no quiero ser parte de ese juego mortal que aporta poco a nada a nuestra sanidad individual o como sociedad. Si algo he aprendido en mi camino es que la abundancia funciona para ambas partes. La negativa y la positiva. Hay incontables personas haciendo maravillas en este mundo y que no lo hacen por un tweet o un like. Hay increíbles programas, eventos, proyectos empresariales exitosos que abogan por la sustentabilidad, la paz interior, la paz colectiva. 

He elegido ver que hay una abundancia de amor a nuestro alrededor. He elegido aceptar que la mejor maestra y madre es la Naturaleza. He elegido mantenerme firme en que el blog y eventual empresa ayude a elevar la vibración de quienes lo lean.

Si algo puedo adelantarles es que en dos meses me gradúo de mi certificación como Maestra de meditación y este viaje me ha reanudado la confianza en seguir adiestrándome oficialmente en temas que me han llamado pero los veía lejanos a mi profesión original: el tao, el tantra, el marketing y el branding, el belly dancing y mi amado Reiki. 

Tal vez les habrá parecido raro tantas entrevistas a artistas y Sanadoras, la nueva serie. Es parte de mi contribución. Mi deseo es ser lo más auténtica posible en esta etapa de construir una vida y compartir con ustedes el progreso en esta tarea. Ojalá me acompañen, ojalá podamos crecer juntos y en la medida de lo posible, lograr con nuestras acciones individuales dejar el mundo mejor a como lo encontramos después de nuestro despertar. 

Me costó muchos golpes de la vida comprender que no ganamos nada positivo echándonos los problemas del Planeta ni de los demás encima. Que sólo podemos controlar lo que pensamos, decimos y hacemos, eso que pareciera tan insignificante es, al contrario, lo más valioso.

Si estás aquí chica o chico cosmopolita que me lees, gracias.  Hoy brindo por ti, por mí y por tod@s. Somos obras de arte en constante construcción. 

Namasté, ayer, hoy y siempre. 

-Natalia