10 claves para la cocina consciente


Somos lo que comemos y cómo lo hacemos.

Empecé a prestarle atención plena a la comida cuando leí el libro de la chef india Padma Lakshmi, Love, Loss and What We Ate (2016). En él narraba su historial de relaciones y cómo alteraba sus patrones alimenticios según el humor o los problemas de pareja que tenía. Fue muy evidente para mí comprender que la extensión de nuestras relaciones trasciende las personas, los animales y las cosas. Incluye también nuestros hábitos.

Aceptar que se deben hacer cambios es duro pero lo mejor que he encontrado en el proceso es la fase de exploración y saber que nada está escrito en piedra. Todos tenemos poder decisional sobre la dieta que consumimos y la energía que necesitamos.

La alimentación consciente (mindfoodness o mindful eating, como se le conoce en inglés) tiene el mismo principio de la atención plena en el presente y nos invita a estar atentos a lo que comemos,  la forma en que elegimos hacerlo y su efecto en nuestro cuerpo-

Hay una gran diferencia entre comer y alimentarse. Comer es el acto de satisfacer un apetito, alimentarse es estar consciente del valor nutricional y energético que consumimos. Hago énfasis en esto porque lo que comúnmente llamamos hambre puede confundirse con hambre psicológico y el estrés y la ansiedad pueden contribuir a alterar nuestros patrones alimenticios y desembocar en tensiones y enfermedades.

Practicar este tipo de cocina no es una ciencia pero sí implica paciencia y un ejercicio constante de autocontrol y observación.

Aquí te comparto 10 claves para practicar la cocina consciente:

  1. Reconoce tu cuerpo: Identifica las señales que te manda sobre cuándo tienes hambre, qué le apetece comer y saborear y qué le hace daño. Este es un trabajo que nos cuesta porque estamos acostumbrados a una dieta en particular y a que somos alérgicos a algún alimento si tenemos síntomas crónicos. Poco prestamos atención a los síntomas leves o a alterar recetas para probar si nos sentimos mejor.
  2. El acto de agradecer no tiene por qué estar ligado a la oración religiosa. Al contrario, nos ayuda a cultivar un aprecio por las manos que sembraron los alimentos (de preferencia orgánicos), las que los distribuyeron y las que los cocinaron. Forma parte del zen reconocer que hay tres ruedas: el que da, el que recibe y el regalo.
  3. Elegir productos orgánicos y coloridos, mientras más variados en la escala nutricional (vegetales, granos, frutas, legumbres, etc) mejor. Es importante evitar ingredientes y comidas procesadas que dificultan el proceso digestivo y alteran nuestra energía.
  4. Hacer un esfuerzo por probar nuevas recetas y romper estereotipos. La hamburguesa vegana no es menos sabrosa que la tradicional, depende de quién la cocine y los ingredientes que use. Aventurarse a cambiar recetas y la estética de ellas puede tener sus recompensas.
  5. Controla las porciones que ingieres y si es posible, cocina para la semana. Así evitas desperdiciar comida y tendrás suficiente para varios días. Lo mejor es que sabrás apreciar el valor nutritivo de cada bocado porque tú lo preparaste.
  6. Suelta tus cubiertos después de cada bocado, este simple acto te ayudará a enfocarte en cada porción que masticas y a no apresurarte o seguir en automático por el siguiente bocado.
  7. Alejarte de los aparatos electrónicos. Siéntate en tranquilidad y vive en el ahora. No se va a acabar el mundo si tu único enfoque es el plato que tienes de frente y eso implica, masticar lentamente, apreciar el silencio o la compañía a tu alrededor.
  8. Ábrete a las sensaciones de tu cuerpo mientras te alimentas. Cierra tus ojos y goza de los sabores y texturas en tu paladar. Nota si ya satisficiste tu apetito, si comiste demasiado, si te quedaste con ganas de comer más.
  9. Anímate a ambientar tu cocina o mesa de comensales. Jugar un poco con la decoración o exploras nuevos lugares para comer es algo simple que te puede inspirar a ser más consciente de tu rutina alimenticia.
  10. Evalúa cada experiencia culinaria por sí misma y recuerda que la alimentación consciente es una práctica que puedes incorporar en tu rutina diaria. Si te parece, haz un reto de 21 días para ver si observas alguna diferencia.