Análisis, Asia
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Aung San Suu Kyi y el costo político del Nobel


La tardía respuesta de la Consejera de Estado al éxodo de unos 123.000 musulmanes de la minoría rohingya de Myanmar (por enfrentamientos entre rebeldes y el ejército) ha provocado críticas a su carácter como política.

Los campamentos de refugiados en Bangladesh operan a sobrecapacidad. La Agencia de la ONU para los Refugiados ha expresado que la mayoría de ellos han llegado “hambrientos, débiles y enfermos” tras emprender una larga travesía a pie desde sus aldeas a diferentes localidades del sureste del país fronterizo.

La portavoz de ACNUR, Duniya Aslam Khan, explicó que “los campamentos de Kutupalong y Nayapara están en un punto de ruptura, los recién llegados son acogidos por familias de refugiados y en escuelas, centros comunitarios pero nos estamos quedando sin espacio disponible”.

Decenas de miles de rohingyas huyen de una nueva ola de violencia desatada a finales de agosto en el Estado de Rajine, ubicado al norte de Myanmar. Según la ONU, el 25 de agosto más de 20 puestos de policía fueron atacados con bombas caseras en atentados simultáneos y coordinados por presuntos militantes musulmanes dejando más de 70 oficiales muertos. El hecho ha causado una serie de operaciones de seguridad por parte de las autoridades en las aldeas Rohingya.

Hasta la fecha, los ataques entre el grupo insurgente Ejército de Salvación Arakan Rohingya y el ejército del país -que incluyen quemas de casas– han causado más de 400 muertes y desplazado a cientos de familias.

La desilusión mediática con el ícono de la paz

Con el paso de los días y el recrudecimiento de los enfrentamientos, el silencio de la líder de la antigua Birmania y quien fuera exdisidente, Aung San Suu Kyi, ante el flujo migratorio y el sufrimiento de esta minoría -que por años han sido discriminados y según informes, negados de recibir servicios básicos por su etnia y religión- ha provocado cuestionamientos sobre sus posturas.

La joven paquistaní y Premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai recurrió a su cuenta de twitter para expresarse en torno al drama humanitario: “cada vez que veo las noticias, se me rompe el corazón ante el sufrimiento de los musulmanes rohinyas de Birmania”. Añadió que “en los últimos años he condenado en repetidas ocasiones el trato vergonzoso del que son objeto. Sigo esperando que mi compañera laureada Aung San Suu Kyi haga lo mismo”.

La escritora india Sufiya Ahmed se unió al reclamo por una respuesta y añadió sentirse “traicionada” al ver que la política de 72 años no cumplía con las expectativas del premio otorgado. Más directo no pudo ser el activista y escritor británico George Monbiot quien pidió que se le retirara el premio a Suu Kyi por considerarla cómplice de alegados crímenes de lesa humanidad.

A esa solicitud se le sumaron protestas en diferentes países a favor de la minoría. También, analistas de varios medios internacionales como CNN y The New York Times que coincidieron en que el tratamiento de la Administración de Suu Kyi a la minoría rohingya representa “la caída” del ícono de la paz o la Mandela asiática, como algunas personas la han calificado.

La junta editorial del diario Washington Post hizo un llamado público a Suu Kyi para que cumpliera con “su promesa de ser una campeona de los derechos humanos y la democracia por la cual recibió el Premio Nobel de la Paz en 1991” y procedió a repetir que “ahora es el tiempo de acción para lograr una reconciliación duradera entre el pueblo birmano y los rohingya”.

El periódico establece que probablemente la líder se siente presionada por sus electores, la mayoría budista, y el ejército nacional, que controla un cuarto de los escaños en el Parlamento y los Ministerios.

El terrorismo es “la causa”

Suu Kyi declaró hoy que reconoce lo que significa que se le nieguen los derechos humanos y la protección democrática a las personas y que las autoridades harán lo posible para asegurar que “todas las personas en nuestro país reciban la protección de sus derechos”.

La líder atribuyó la “desinformación” en torno a los ataques a promover “los intereses de terroristas” y explicó que el Gobierno actúa en Rajine con el objetivo de frenar el terrorismo. Este planteamiento ha sido repetido por las autoridades del país y otros organismos como Crisis Group que destacan que insurgentes radicales se han infiltrado en la minoría para provocar enfrentamientos.

Para Suu Kyi, cualquier respuesta que se aleje de la noción más amplia de la paz que es el “cese la fuego” conllevará al cuestionamiento de sus posturas, galardones y legado. Eso sumado al hecho de que su popularidad responde más a su resistencia pacífica ante 15 años de arresto domiciliario que a las propuestas legislativas que, desde el 2010 ha presentado como funcionaria política electa. Su llegada legitimada al poder ha sido observada con recelo por locales e internacionales que al año ya cuestionaban su capacidad de liderazgo y si los elogios a su imagen y legado habían sido precipitados y hasta desproporcionados.

La Consejera de Estado se reúne hoy con el primer ministro de India, Narendra Modi para discutir, entre varios temas, el éxodo humanitario.

Alrededor de 40.000 rohingyas han buscado refugio ilegal en India.

 

(Foto de portada tomada por Steve McCurry)

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